“Realities” en crisis: el drama detrás de los dramas sin guión

Imagen: CNN

Los realities de Netflix están a la moda en Latinoamérica. Desde el año pasado, las historias tensionantes y los juegos románticos de Love is Blind, Too Hot to handle o Perfect Match se han posicionado en la lista de intereses de la audiencia de nuestro continente. Lo que no sabías es que, en paralelo, y mientras se desarrolla un paro de actores y escritores de Hollywood, los participantes de muchos de esos shows han estado en guerra con Netflix, NBC y otras productoras.

¿Cómo son esos programas?

En definitiva muy entretenidos. Cuando uno ve los trailers de algunos de estos programas se pregunta si los participantes pagan por estar en ellos, pues en la mayoría de los casos se les ve en resorts paradisiacos, constantemente tomando o de fiesta, conociendo sitios turísticos y, encima, siguiendo un programa de actividades para buscar el amor verdadero.

Al adentrarse en ellos, o en alternativas más extremas como Fake Love o la española Amor Con Fianza, uno se encuentra con que esa diversión está acompañada de fuertes revelaciones sobre la vida íntima de los participantes, humillaciones o actividades forzosas como tener que observar a su pareja teniendo sexo con otros. Sin embargo, hasta ahí no está en duda el consentimiento de quienes participan, y suenan incluso a situaciones libreteadas.

¿Cuál es el problema?

Desde hace años, múltiples participantes han pedido que el apoyo psicológico brindado a lo largo del concurso —pero no en todos los casos según denuncias— sea ampliado al tiempo posterior a la publicación de los realities. Ello teniendo en cuenta los efectos sociales de esa exposición. Nick Thompson, de la segunda temporada de Love is Blind, incluso creó la fundación UCAN que busca apoyar a exparticipantes y proveerles asistencia legal de ser necesario.

Recientemente, han surgido denuncias de nuevos participantes que se han decidido a hablar por la coyuntura de reclamos en contra de las megaproductoras. Muchos señalan que los programas perfilan “debilidades” psicológicas para explotarlas en grabación, que restringen movimiento, finanzas y alimentación del elenco, a menudo forzado a grabar por más de veinte horas continuas y con acceso limitado a alimentación e hidratación, pero abundante alcohol para mantenerlos desinhibidos. Además, hay casos de denuncias de violencia sexual y constreñimiento a los intentos de abandonar la competencia mediante cláusulas impagables.

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