El suicidio del coronel Óscar Dávila y su relación con las chuzadas

Coronel Dávila, Miguel del Río, Laura Sarabia. Imagen: Revista El Clavo

El teniente coronel Óscar Dávila, jefe de la oficina de seguridad anticipativa de la Casa de Nariño, murió en una camioneta durante la noche del pasado viernes. El presidente se reunió con su familia y junto al ministro de Defensa pidieron a la Fiscalía celeridad en las investigaciones.

¿Cómo murió?

La versión con más fuerza, que es la que sostiene el gobierno y la hasta ahora la corroborada por cámaras de seguridad y testigos, es que Dávila se habría suicidado justo después de enviar a su conductor a comprar una botella de agua a una tienda cercana. Cuando el conductor volvió, encontró que el coronel había tomado el arma de dotación que dejó en la silla antes de ir a la tienda, escuchó que le dijo una frase que no pudo entender, y vio como se disparó en la cabeza.

Sin embargo, no hay declaratoria oficial de Medicina Legal sobre los hechos al momento de redactar este boletín.

Relación con el caso Sarabia-Benedetti

Nota: hemos recopilado todo lo que se sabe sobre el escándalo aquí.

El miércoles pasado, Dávila recibió al CTI en su despacho. El ente acusador hizo un allanamiento porque sospechaban que en ese lugar se hizo una copia del contenido del celular de la exniñera Marelbys Meza mientras ella era interrogada en la sala de polígrafos de Casa de Nariño por el robo a Laura Sarabia. La tesis sugería que Dávila se alió con el Coronel Carlos Feria y buscaron ayudar a Sarabia a esclarecer el robo pidiendo al coronel Marcel Ricardo Villarte, de la DIJIN, que pusiera los números de dos de sus empleadas en una lista de contactos a chuzar.

Ese mismo día, en las manifestaciones a favor del gobierno, Petro habló de presiones a funcionarios para ponerlos en contra del gobierno, las cuales los tenían “al borde del suicidio”.

El jueves, el coronel Dávila acudió al abogado Miguel Ángel del Río, que también representa al policía que solicitó la chuzada de las empleadas de Sarabia porque le dijeron que eran números del Clan del Golfo. Como en el caso de ese agente, que denunció presiones indebidas y actuaciones irregulares de la Fiscalía en su declaratoria, Dávila le dijo al abogado que se sentía perseguido y angustiado, pues el funcionario que dirigió el allanamiento el día anterior le dijo que “la Fiscalía iba por todo y que esa investigación no se detendría hasta que corriera sangre”.

El viernes, Cambio contactó a los tres altos mandos vinculados con la tesis de la Fiscalía horas antes de la muerte de Dávila: Villarte rechazó la hipótesis y dijo haber estado en vacaciones cuando se hicieron las chuzadas y señaló no haber tenido contacto reciente con los otros dos; Feria no contestó; Dávila dijo en llamada grabada que no podía hablar del tema, porque “me acaban”. Menos de quince minutos antes de su muerte, el coronel intentó llamar por segunda vez a la periodista que lo contactó, y esta no alcanzó a contestar.

Tras su muerte, se supo que Dávila había entregado el 2 de junio una carta a la Fiscalía en al que declaraba su disposición para ser cuestionado por dicha entidad si para esclarecer el caso de las chuzadas. A raíz de los hechos, el abogado del Río declaró que lo que está ocurriendo es una persecución de la Fiscalía contra el Gobierno.

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