Human augmentation: la revolución de las capacidades de los seres humanos con partes robóticas está más cerca de lo que parece

El ‘pulgar’ del proyecto The Third Thumb. Fotografía: Dani Clode

Human augmentation es el nombre que recibe una corriente tecnológica desarrollada para potenciar las capacidades de los seres humanos, por medio de una amplia variedad chips, exoesqueletos y otros dispositivos que tienen el objetivo de ampliar el alcance y la eficiencia de las actividades que realizamos. A pesar de que en la ciencia ficción estas tecnologías han sido concebidas hace tiempo, no es sino hasta ahora que, ciertamente, nos encontramos a puertas de poder empezar a contar con partes robóticas para adicionar a nuestro cuerpo.

Según Tamar Makin —profesora de neurociencia cognitiva en la unidad de cognición y cerebro MRC de la Universidad de Cambridge—, en las próximas décadas los avances en el human augmentation conducirán a la creación de partes del cuerpo robóticas como brazos, pulgares, alas e, incluso, tentáculos. La creación de dichos artefactos, en palabras de los científicos, podrá aumentar la productividad de los seres humanos, pues cada modelo adicional que se agregue en el cuerpo —por ejemplo otro brazo—, estará diseñado para funcionar de manera independiente, por lo que las actividades cotidianas podrán realizarse mucho más rápido.

Como es de esperarse, un avance tecnológico de tal magnitud requiere de un proceso arduo de pruebas y estudios. Así las cosas, el proyecto “The Third Thumb” surge como resultado del trabajo de Dani Cloude, un diseñador e investigador que también pertenece a la Universidad de Cambrige y que, al igual que su colega Tamar Makin, se interesó por el Human augmentation; en ese sentido, creó un pulgar impreso en 3D que se puede articular a cualquier mano y funciona gracias a un sofisticado sistema que se maneja con los pies.

En palabras de Cloude, los sensores de presión debajo de los dedos gordos de los pies detectan el movimiento y transmiten esa información a través de Bluetooth a una correa de reloj, que está equipada con dos motores que controlan el pulgar a través de cables Bowden, similares a los que se usan en los frenos de las bicicletas. El pulgar flexible tiene dos grados de libertad —cada uno controlado por un dedo gordo del pie— y se mueve asombrosamente como si fuera real.

Adicionalmente, para completar su proyecto, los investigadores de “The Third Thumb” se pusieron en la tarea de estudiar el comportamiento del cerebro cuando los seres humanos empiezan a contar con una nueva parte de su cuerpo. Por este motivo, durante cinco días, entrenaron a voluntarios para usar el pulgar y les pidieron que completaran tareas como construir torres de Jenga, recoger copas de vino y sacar canicas de recipientes. Antes y después del entrenamiento, se escaneó el cerebro de los voluntarios usando imágenes de resonancia magnética funcional.

En el estudio, los investigadores estaban especialmente interesados en el comportamiento de la corteza sensomotora primaria, la región del cerebro que se activa cuando movemos los dedos. Al final del estudio se concluyó que, como era de esperarse, dicha parte si registró transformaciones: después del entrenamiento, un individuo demostró menos diferencias entre los patrones de actividad cerebral de los dedos individuales —es decir, que estaban menos definidos—. En otras palabras, entrenar con el nuevo pulgar robótico debilitó la representación de la mano en el cerebro.

Para los expertos en la materia, los hallazgos del estudio son de gran importancia para todos aquellos que estén interesados en desarrollar la próxima generación de dispositivos prostéticos controlados por el cerebro, pues el éxito de ese tipo de tecnología depende, casi que enteramente, de la capacidad que tiene el mismo para aprender, adaptarse e interactuar con los dispositivos. Finalmente, los investigadores también advierten que, a pesar de lo emocionante que pueda parecer el avance de la human augmentation, todavía le falta trecho por recorrer para que sea considerada eficaz y segura, pues hasta ahora, se sabe que podría tener consecuencias negativas en algunos aspectos referentes a la representación del cuerpo y, en consecuencia, las capacidades motoras.

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