¿Es un pájaro, es un avión? Según Loeb, es evidencia de vida extraterrestre. Sus colegas no están convencidos.

Un meteoro cruzando el cielo en Rusia en 2013. Fotografía: M. Ahmetvaleev, via JPL/NASA

El astrofísico de la Universidad de Harvard, Avi Loeb, es un reconocido cosmólogo con cientos de papers sobre agujeros negros, materia oscura y las primeras estrellas. También es una figura controversial. En 2021 publicó un libro sobre un misterioso objeto espacial conocido como Oumuamua, sobre el que afirmó que podría ser evidencia de tecnología alienígena. Otros investigadores dijeron que se trataba simplemente de un cometa.

La bola de fuego

Su más reciente trabajo también ha causado debate e incredulidad. En junio pasado, lideró una expedición en el fondo del Océano Pacífico, cerca de Papúa Nueva Guinea para recuperar los restos de una bola de fuego que, según él, provenía de más allá de nuestro sistema solar. La expedición recuperó unas 700 esferas de menos de un milímetro. Los análisis mostraron que la mayoría de las esferas estaban conformadas principalmente por hierro, un elemento muy abundante en el sistema solar. Sin embargo, 57 de las esferas tienen concentraciones muy altas de berilio, lantano y uranio (BeLaU), lo cual no tiene paralelo con ninguna aleación en nuestro sistema solar. Loeb concluye que, por el ángulo de impacto, la velocidad de entrada y la particular composición BeLaU, la bola de fuego es un objeto interestelar. También ha especulado que las esferas podrían ser los escombros de una nave extraterrestre.

Loeb tuvo conocimiento de la bola de fuego que cayó en el Pacífico en 2019. Sin embargo, el objeto cayó a la tierra en 2014 y su ubicación, velocidad y brillo fueron detectados por sensores militares del gobierno estadounidense y registrados en una base de datos de eventos similares. Loeb encontró la información con esos datos formuló la hipótesis de que se era un objeto interestelar.

Mucho escepticismo

Como es natural con este tipo de trabajos, la comunidad científica se ha mostrado escéptica. En una conferencia reciente sobre asteroides, cometas y meteoritos, se cuestionó la posibilidad de que cualquier fragmento del meteorito hubiera sobrevivido si se movía a la velocidad informada. Es decir, la bola de fuego se habría desintegrado completamente al entrar a nuestra atmósfera.

Por otro lado, hay dudas sobre la fiabilidad de los datos del catálogo de la NASA que Loeb utilizó para identificar el objeto como interestelar. Se dice que a menudo contiene errores en las mediciones de dirección y velocidad. Estos errores podrían ser lo suficientemente grandes como para reclasificar el objeto de “no ligado” a “ligado” al sistema solar. O sea, no sería realmente interestelar. En particular, un físico de la Universidad de Ontario presentó un análisis reciente con datos de una variedad de instrumentos para verificar las mediciones de 17 objetos también registrados en el catálogo. Sus resultados, que fueron publicados en The Astrophysical Journal muestran que los datos del catálogo tienen direcciones y velocidades erróneas y que entre mayor velocidad tengan los objetos, mayor es el tamaño del error.

Los datos y las especificaciones de los sensores del gobierno estadounidense son clasificados y no se dan mayores detalles. Aún así, Loeb defiende la confiabilidad de los datos reportados por los instrumentos militares y sostiene que los modelos teóricos deberían revisarse si no coinciden con los datos observados.

Aunque nos emociona la idea de encontrar evidencia no solo de objetos que provengan de fuera de nuestro sistema solar, o incluso que confirmen la existencia de vida extraterrestre, es sana la actitud escéptica de la comunidad científica y su preocupación por el método y el rigor.

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