Dos narrativas de la rebelión en Rusia

Montaje que muestra la icónica imagen de Morpheus en The Matrix con las manos extendidas y ofreciendo en sus manos una píldora roja y una azul. Pero aparece la cara de Putin en vez de la de Morpheus.
Con cara gana Putin y con sello también. Montaje: Newspresso

Ahora que los confusos y complejos eventos del fin de semana en Rusia parecen haberse calmado, y con la aparente vuelta a la normalidad, vale la pena hacer una revisión de las interpretaciones de la revuelta y sus consecuencias. 

Narrativa vainilla: Putin debilitado

La conclusión prevalente en los medios occidentales es que Putin fue el principal perdedor con la rebelión. Fue traicionado por su leal aliado y eso revela no solo su debilidad, sin que expuso divisiones al interior de la estructura de poder rusa, lo cual socava su capacidad de control y su liderazgo.

La rebelión mostró grietas en el gobierno de Putin. Hay una disputa entre las facciones de Sergei Shoigú (ministro de Defensa) y Valeri Guerásimov (jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas) por un lado, y Yevgueni Prigozhin, jefe del poderoso Grupo Wagner, por el otro.

Prigozhin cometió un grave error de cálculo suponiendo que Putin lo apoyaría en su ofensiva.

La suerte de Prigozhin es incierta, el Grupo Wagner será desmantelado y sus hombres serán incorporados al ejército regular ruso.

Quienes van más lejos aseguran que estos eventos señalarían el inicio del fin de la guerra en Ucrania e incluso derivarían en la caída de Putin. Varios analistas rusos señalaron que el hecho de que el sábado hubiera tan pocas manifestaciones espontáneas a favor del presidente ruso, en Rostov o en Moscú, demostraba el deseo de transformación política represado tras 23 años de gobierno de Putin.

Narrativa conspirativa: Putin orquestó la revuelta

Los eventos del fin de semana fueron, sin lugar a dudas, confusos y tensos. Si bien los medios occidentales reconocen que el estilo Putin se asemeja más a una corte otomana que a un gobierno moderno, solo algunos medios alternativos consideraron la posibilidad de que Putin mismo supiera de la insurrección de antemano —aparentemente los soldados del Grupo Wager lo sabían— e incluso la hubiera organizado.

Efectivamente, hay grietas entre las facciones políticas en Rusia, principalmente entre Moscú y San Petersburgo. La razón por la que Putin permitió que la animosidad entre las facciones creciera tiene que ver, justamente, con su estilo de liderazgo, que se beneficia de las disputas y le permite ser el mediador y ejercer control mientras sus rivales se debilitan. Así, la rebelión habría sido un montaje para unificar las facciones del Kremlin en contra de un enemigo común (Prigozhin) y para revelar sus lealtades políticas. Todo esto estaría encaminado a cimentar su control para hacerse reelegir en la elección presidencial de 2024. Además, la sublevación de Prigozhin le permitiría a Putin reafirmar la teoría de que los reveses en la guerra serían culpa de generales como Shoigú y Gerásimov.

Sobre el fin del Grupo Wagner, instrumental en la extracción de valiosos recursos en África, el Kremlin anunció ayer (26/06/2023) que los mercenarios no serán retirados de África. También se conoció que el centro de reclutamiento de del Grupo Wagner en la ciudad siberiana de Novosibírsk retomó sus actividades.

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